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La paradoja del huevo y la gallina 4.0

¿Hará la tecnología que pierda mi empleo? Durante incontables décadas, casi siglos, una pregunta ha martillado el razonamiento de los estudiosos: ¿qué fue primero, el huevo o la gallina? Grupos de científicos y académicos han dedicado gran parte de sus prestigiosos años profesionales a tratar de descifrar el enigma con resultados diversos, y en ocasiones, con argumentos contrapuestos.

Al igual que estos respetados investigadores, los profesionales del tejido empresarial se afanan desde hace algunos lustros por desgranar cómo las nuevas tecnologías en general, o una nueva herramienta en particular, impacta en el mundo empresarial, en los distintos tipos de trabajo, y en definitiva siempre se trata de responder a la misma pregunta: ¿destruirá la tecnología X o Y mi puesto de trabajo?

En la era de la información, existen multitud de artículos e investigaciones a su disposición que tratan de responder a esta pregunta, todos ellos aportan mucha más información y datos sobre la temática que este humilde texto.

No hay más que consultar en cualquier buscador sobre “el futuro del trabajo” o “impacto de la IA en el trabajo” para disponer de multitud de predicciones sobre el número de empleos que la tecnología destruirá a lo largo de los próximos años, en ocasiones, como en el caso de los investigadores del huevo y la gallina, con resultados divergentes. Y yo me pregunto, ¿y si la tecnología no destruye empleo, sino que lo transforma? ¿Y si la clave reside en la empleabilidad?.

Si consideramos la empleabilidad como el conjunto de capacidades que permiten que una persona esté en condiciones de encontrar y mantener un trabajo, o dicho de otra forma, la capacidad de adaptar las circunstancias de cada uno, tanto profesionales como personales, a las necesidades cambiantes del mercado laboral, nos damos cuenta de que la mejora de la empleabilidad, aún es un concepto poco arraigado en el mundo profesional bajo un prisma de corresponsabilidad tanto del empleado como de las empresas.

1. La responsabilidad de cada profesional en la gestión de su carrera y la mejora de su empleabilidad. Ningún profesional, en ningún sector, es ajeno al cambio exponencial que estamos viviendo desde hace años como consecuencia de la adopción masiva de la tecnología. Sin embargo, el proceso no afecta a todos por igual, ni se restringe exclusivamente a la incorporación de nuevas tecnologías.

A lo largo de estos años, he conocido profesionales brillantes en un ámbito de trabajo específico que cuando llegan a liderar equipos en nichos fuera de su ámbito de conocimiento expresan como su principal preocupación lo siguiente, “no estoy cómodo porque no tengo el conocimiento técnico apropiado” o bien, más allá de la edad, simplemente se niegan a adoptar una nueva forma de hacer las cosas porque durante el proceso de aprendizaje puedan mostrar alguna debilidad que les desprestigie.

Muchos profesionales conciben estas situaciones, en ocasiones sobrevenidas, como una amenaza, sin embargo, está en ellos la decisión de cómo reaccionar ante la evolución natural del mercado de trabajo.

Mi respuesta siempre ha sido que se trata de un enfoque erróneo, ya que lo que se espera de un líder con experiencia no es el conocimiento técnico, sino, entre otras cosas, aportar visión estratégica a los equipos que lidera y la experiencia para anticipar riesgos.

Más allá del conocimiento técnico, capacidad de cambio / adaptabilidad, habilidad de aprendizaje de forma continua, pensamiento crítico (para discriminar en qué grado la tecnología me afecta), y por supuesto, actitud positiva (como base de la pirámide), se antojan cualidades transversales que contribuyen a la mejora de la empleabilidad de una persona. Cuánto más empleable eres, más opciones de empleo tendrás y como consecuencia, las empresas están dispuestas a pagar más por tu talento.

2. La responsabilidad que tienen las empresas para garantizar la empleabilidad de sus empleados. Los directivos y expertos en recursos humanos nos vanagloriamos cuando hablamos de compromiso de los empleados para con la organización como si tuviera carácter unidireccional, y se nos olvida nuestro rol social en las comunidades en las que operamos.

Hoy en día que tanto hablamos de los criterios ESG y sostenibilidad, las empresas también deben tener un compromiso social que pasa por la responsabilidad en asegurar el futuro de nuestros empleados, trabajen o no mañana con nosotros. Más allá del salario con el que se recompensa el trabajo realizado, las empresas deben asegurar que ponen todos los recursos a disposición de sus profesionales para abrazar el cambio y adquirir nuevos conocimientos y, por lo tanto, mejorar su empleabilidad.

Asimismo, requiere un profundo análisis para discernir en qué grado la tecnología afecta a mis procesos de negocio y a las capacidades de mis empleados, y por supuesto, que permita hacer un uso responsable de la tecnología en aras de la evolución social. No obstante, el peso no recae exclusivamente en uno de los lados, se trata de un trabajo conjunto.

La tecnología lleva presente en los lugares de trabajo desde mucho antes de la entrada de las primeras máquinas en los procesos de fabricación. Pese a las reticencias iniciales que llevaban a pensar que destruirían todos los puestos de trabajo, empleo y tecnología han convivido y evolucionado de forma conjunta.

No olvidemos que la tecnología no surge de la nada, sino que hay personas detrás que dedican su cometido a avanzar en estos ámbitos, y como resultado de ello, se crean nuevos empleos, se destruyen algunos otros (los menos) y la gran mayoría de ellos, evolucionan. Así mismo, también lo hacen las necesidades de la población, haciendo que haya sectores que crecen o decrecen, o bien surgen.

Para ilustrarlo, un dato: según la Organización Internacional del Trabajo (OIT), la tasa de desempleo global en 1995 era de 5,8, y si nos vamos al último dato disponible, en 2022, la tasa de desempleo global fue exactamente la misma (por supuesto, durante el periodo hubo fluctuaciones). En 1995, la irrupción de las nuevas tecnologías aún andaba lejos y casi 30 años después, en un mundo muy distinto, el resultado es similar.

La tecnología, según la RAE, se define como “conjunto de los instrumentos y procedimientos industriales de un determinado sector o producto”. Y bien, ¿acaso cuando el hombre desarrolló herramientas para cazar no era tecnología de la época? Como en la paradoja del huevo y la gallina, ¿qué fue primero, el trabajo o la tecnología para desarrollarlo? ¿Son entes independientes o siempre han ido de la mano? La tecnología evoluciona, y la tipología de trabajo lo hace en consonancia.

 *** Ignacio Aránguez Montero es director de recursos humanos en Adidas y miembro AEDRH.

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